Conocer cómo se distribuyen las enfermedades en el territorio y cómo evolucionan a lo largo del tiempo es fundamental para orientar las políticas de salud pública. Bajo esa premisa, un equipo de investigadores, integrado mayoritariamente por científicos jujeños y dirigido por el doctor José E. Dipierri, médico, investigador y ex- titular de la Cátedra de Antropología Biológica de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la UNJu, desarrolló el estudio más amplio realizado hasta el momento sobre la mortalidad por cáncer de mama en Argentina.

Los resultados fueron publicados recientemente en la revista científica The Lancet Regional Health – Americas, una de las publicaciones de mayor prestigio internacional en el campo de la salud, en un artículo cuyo autor principal es el doctor en Bioquímica Marcelo Figueroa, docente e investigador del Instituto de Ecorregiones Andinas (INECOA, CONICET-UNJu).

La investigación analizó información correspondiente al período 1991-2023 y examinó la evolución de la mortalidad por cáncer de mama en todo el país. El objetivo fue identificar patrones espaciales y temporales que permitan comprender mejor cómo se distribuye la enfermedad y generar evidencia útil para fortalecer las políticas de prevención, diagnóstico y tratamiento.

A diferencia de otros trabajos, el análisis incluyó información de todos los departamentos de Argentina, lo que permitió detectar diferencias territoriales que suelen quedar ocultas cuando se observan únicamente los datos nacionales o provinciales.

Figueroa explicó en una entrevista de Cátedra Abierta, que se trata del estudio que tiene "la mayor cobertura, tanto espacial como temporal para Argentina, en relación con la mortalidad por cáncer de mama, uno de los cánceres más frecuentes dentro de la población femenina".

El cáncer de mama continúa siendo la principal causa de muerte por cáncer entre las mujeres argentinas. Durante el período estudiado se registraron 165.251 fallecimientos por esta enfermedad. No obstante, el análisis muestra que la mortalidad disminuyó de manera sostenida en las últimas tres décadas, con una reducción promedio del 0,8 % anual.

"Desde 1991 hasta la actualidad hubo enormes avances en prevención, diagnóstico, pronóstico y tratamiento. Todo eso ha mejorado significativamente la esperanza de sobrevida de las pacientes", afirmó.

Sin embargo, el estudio también reveló que al analizar los datos según grupos etarios, los investigadores observaron que la disminución de la mortalidad se concentra principalmente en las mujeres de 45 años o más, mientras que en las menores de esa edad la tendencia no sigue el mismo comportamiento.

"Observamos que en el Norte Grande esa tendencia es a aumentar. Es un incremento significativo en los últimos 30 años", advirtió Figueroa.

Aunque las tasas de mortalidad en mujeres jóvenes continúan siendo considerablemente menores que en las mayores de 45 años, el incremento registrado en los últimos años abre nuevos interrogantes sobre los factores que intervienen en este fenómeno.

Según explicó el investigador, se trata de una problemática compleja en la que confluyen aspectos vinculados al acceso al sistema de salud, el diagnóstico oportuno, las condiciones sociales y ambientales, así como factores genéticos y cambios en los hábitos de vida.

"Estos cánceres en mujeres jóvenes suelen ser más agresivos porque el componente genético es importante y el cambio en los hábitos potencia esta predisposición", señaló.

Otro de los aportes del estudio es haber identificado que la carga de mortalidad por cáncer de mama no se distribuye de manera uniforme en el país. Mientras las mayores tasas se concentran en la región central, las más bajas se registran históricamente en el Norte y la Patagonia. Estas diferencias, explicó Figueroa, permiten abrir nuevas líneas de investigación para comprender el papel que desempeñan las características demográficas, sociales y genéticas de cada región.

"En lugar de seguir la historia clínica de cada mujer, observamos cómo varió la mortalidad por cáncer de mama en las distintas regiones y departamentos de Argentina a lo largo del tiempo. Esto permite pasar de un promedio nacional, que puede ocultar diferencias importantes, a una mirada mucho más precisa sobre lo que sucede en cada región", y orientar futuras líneas de investigación y políticas sanitarias.

En ese sentido, remarcó que disponer de esa información resulta fundamental para orientar las estrategias sanitarias ya que "en general se reportan los casos de Argentina como una sola unidad, pero estas investigaciones permiten desagregar esa realidad, focalizar y generar nuevas propuestas en las zonas donde existen diferencias".

"Las políticas públicas necesitan información de buena calidad para poder prevenir y accionar. En el caso del cáncer se trata de un trabajo constante y de largo plazo, cuyos resultados no son inmediatos, pero permiten mejorar las oportunidades de prevención y atención", expresó.

Los investigadores consideran que estos resultados no implican modificar de manera inmediata las recomendaciones de detección temprana del cáncer de mama. En cambio, aportan evidencia para fortalecer la vigilancia epidemiológica en aquellas regiones y grupos etarios donde la mortalidad no muestra la misma evolución favorable que el promedio nacional, contribuyendo a orientar mejor los recursos y las estrategias de prevención.

"El objetivo de este tipo de investigaciones es generar evidencia científica que contribuya a comprender mejor los procesos de salud y enfermedad, aportando información útil para la toma de decisiones y el desarrollo de políticas públicas", concluyó el investigador.