El Boletín Epidemiológico Nacional publicado a comienzos de mayo encendió las alertas por la situación del hantavirus en Argentina. El informe confirmó que en 2026 ya se notificaron 42 casos y, desde el inicio de la temporada epidemiológica en julio de 2025, la cifra asciende a 101.

Aunque Buenos Aires concentra la mayor cantidad de casos, la región del NOA presenta la tasa de incidencia más alta, es decir la cantidad de casos en relación a la población. En paralelo, las autoridades sanitarias investigan situaciones particulares en la Patagonia, como un caso detectado en Río Colorado, Río Negro, fuera de las zonas históricamente endémicas, y un clúster familiar en Cerro Centinela, Chubut, donde se identificó la cepa Andes y se analiza una posible transmisión entre personas.

"El único caso que se conoce de transmisión interhumana es de la cepa Andes, que es la que se identificó en el sur. Pero en el NOA no está confirmado que haya habido transmisión entre humanos”, explicó el doctor Ignacio Ferro, investigador independiente del INECOA (CONICET-UNJu), en diálogo con UNJuTV.

Trabajo de Campo INECOA CONICET UNJU

El especialista explicó que el hantavirus afecta principalmente a roedores silvestres y que en el NOA existen tres especies, de las más de 40 identificadas, capaces de portar el virus. "Estos roedores se lo transmiten entre ellos y les produce síntomas muy leves. Pero en los humanos el hantavirus tiene una altísima tasa de mortalidad", señaló.

"Los roedores se contagian entre si en las interacciones diarias y no desde el nacimiento, todos nacen si el virus. El contagio se da por mordidas y pasa más en los machos que pelean por las hembras. Además ellos se dispersan por territorios más extensos en busca de ellas", comentó. En cambio en los humanos, "el contagio se da generalmente cuando una persona aspira aerosoles de heces u orina de los roedores y raras veces a través de mordeduras”, indicó.

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En la UNJu se desarrollan investigaciones para comprender cómo circula el virus en ambientes silvestres y qué factores favorecen el riesgo de contagio.

"Lo que hacemos es estudiar la dinámica de infección en los roedores silvestres, que son la base de la cadena epidemiológica. Trabajamos en distintos ecosistemas para saber qué especies están presentes y con qué frecuencia aparecen", contó.

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Además, explicó que los equipos científicos analizan muestras de sangre de los animales para detectar anticuerpos y conocer qué especies estuvieron infectadas, cuáles tienen mayor contacto con humanos y cómo influye el clima en la reproducción de los roedores. "Eso nos permite entender bajo qué condiciones climáticas puede aumentar la población de roedores y, por lo tanto, el riesgo de transmisión", afirmó.

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Actualmente, los equipos de investigación de la universidad trabajan en conjunto con las áreas de salud del gobierno, con el objetivo de aportar al monitoreo epidemiológico local, pero también con el objetivo de determinar si la cepa encontrada en el crucero está presente en los roedores de la provincia.