Jorge González, nació en la provincia de Buenos Aires en 1977, estudió la carrera de Maestro en Artes Visuales en la Escuela de Bellas Artes Carlos Morel de Quilmes y desde 1995 se desempeña como ilustrador científico y paleoartista para diferentes paleontólogos argentinos y extranjeros en importantes museos y universidades de todo el mundo.
Sus trabajos de ilustración y escultura de fauna fósil se pueden ver en parques temáticos de Argentina y Bolivia, libros de divulgación, documentales, series animadas y realizó la primera reconstrucción en vida de más de 70 nuevas especies de animales extintos.
En el año 2005, le fue dedicada una nueva especie de dinosaurio carnívoro a él y su hermano, y fue el primer sudamericano en ganar el primer premio del “VI Concurso internacional de ilustraciones científicas de dinosaurios 2014”.
A Jorge desde chico siempre le interesó la paleontología, los animales prehistóricos, en especial los dinosaurios, y la obsesión por dibujarlos siempre de la manera más precisa posible, lo llevó a estudiar anatomía de animales actuales, humana, de todos los vertebrados básicamente para aplicar ese conocimiento a los esqueletos de los animales prehistóricos, de esa manera estableció cómo podrían haber sido.
No solo le gustaba copiar los dibujos de los libros que tenía a disposición, sino que quería saber cómo eran esos animales de los cuales no había ilustraciones todavía, eso lo llevó cuando tenía 17 años a ofrecer sus dibujos al Museo Argentino de Ciencias Naturales, ahí fui contratado por el laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución, para hacer su primer libro.
Posteriormente, tuvo relación con los paleontólogos del museo de La Plata, y también empezó trabajar ahí, de esta forma sus primeros diez años de vida profesional fueron entre el museo de Buenos aires y el museo de La Plata.
Al hacer referencia, al paleoarte, Jorge explicó que es lo que viene después de la ilustración científica, “si bien la ilustración científica consta de representar los fósiles de una manera técnica, porque hay que mostrarlos en varias vistas para que los investigadores de otros lugares puedan compararlos con restos que están investigando ellos, el paleoarte viene de la reconstrucción, de cómo serían esos animales que tuvieron esos esqueletos, como eran esos animales cuando estaban vivos, y cómo era el ambiente en el que vivían, la reconstrucción bastante completa de lo que se sabe a ciencia cierta sobre esos animales, y hay cosas que por ahí no se saben y entra en juego la imaginación, pero la verdad hoy en día se tiene muy buena información para tener una reconstrucción bastante aproximada”.
En ese sentido, subrayó que mucho de su trabajo fue en el museo de La Plata “donde realicé réplicas de muchos esqueletos que tiene el museo, especialmente de los animales del pleistoceno, animales que se extinguieron hace más de 10 mil años. Mi principal trabajo es como se verían en vida, entonces realizó la reconstrucción de estos animales, conociendo los esqueletos puedo saber dónde va cada músculo y hacer una reconstrucción de adentro hacia afuera, de cómo se verían estos animales”.
Jorge se especializó en la reconstrucción en tamaño natural, trabajó en La Rioja y en Bolivia, haciendo animales de más de 30 metros, “son trabajos en equipo, esto se hace con varias personas, hacer un trabajo de este estilo una sola persona es difícil, pero con un equipo de más de 6 personas siempre se puede hacer, y puede llevar entra 4 a 5 meses, el de Bolivia llevó 6 meses”, puntualizó.
Consultado por la aplicación de inteligencia artificial (IA) en el paleoarte, subrayó que la IA utiliza “una especie de acumulación de imágenes de lo que más encuentra en internet, todo lo que está subido, no va a una biblioteca, ve lo que está publicado, y lo que está publicado es lo comercial, lo que se ve en las películas, y esos contenidos están realizados por personas que hacen efectos especiales y no por paleoartistas, no son dinosaurios cien por ciento correctos, son para poder hacerlos lindos en las pantallas”.
“La IA no te lo hace como verdaderamente sería, la maquina no entiende la diferencia entre una especia u otra, no reconstruye, la maquina no estudia los huesos, las inserciones musculares, no cuenta con la información que tenemos nosotros para poder realizar un trabajo de manera precisa”, finalizó Jorge.


