Cada 2 de abril la Argentina recuerda a quienes combatieron en el Atlántico Sur, a los Veteranos y los Caídos en la Guerra de Malvinas, y reafirma un reclamo de soberanía que tiene raíces históricas profundas.

El conflicto por las Islas Malvinas se remonta al siglo XIX. Tras la independencia, las Provincias Unidas del Río de la Plata heredaron los derechos territoriales que España ejercía sobre el archipiélago. El 27 de octubre de 1820, el marino David Jewett tomó posesión formal de las islas en nombre del gobierno de Buenos Aires.

Durante los años siguientes, se estableció una presencia efectiva en Puerto Soledad. En 1829, el gobierno creó la Comandancia Política y Militar y designó al frente a Luis Vernet, quien impulsó el desarrollo económico de la zona mediante actividades productivas y la organización del territorio.

Sin embargo, en 1831 un ataque de fuerzas estadounidenses debilitó la posición argentina en las islas. En ese contexto, el 2 de enero de 1833 una corbeta británica llegó al archipiélago y, tras exigir la rendición de las autoridades locales, el Reino Unido tomó control del territorio. Desde entonces, la Argentina sostiene su reclamo de soberanía de manera ininterrumpida, basado en argumentos históricos, geográficos y jurídicos, y lo mantiene vigente en el ámbito internacional.

Casi 150 años después, en 1982, ese conflicto histórico derivó en un enfrentamiento armado. En medio de una profunda crisis política, económica y social, la dictadura encabezada por Leopoldo Fortunato Galtieri ordenó la ocupación de las islas, controladas por el Reino Unido desde el siglo XIX, en un intento por reforzar su debilitado poder.

Desde del balcon de la Casa Rosada, el presidente de facto, Leopoldo Galtieri, desafía a los ingleses: “Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”.

En la madrugada del 2 de abril, tropas argentinas desembarcaron en el archipiélago en el marco de la Operación Rosario, dando inicio a la Guerra de Malvinas. La noticia fue presentada como una “recuperación”, en medio de un fuerte control informativo y un clima de apoyo inicial en gran parte de la sociedad.

Cerca del mediodía del 2 de abril las tropas argentinas izan por primera vez la bandera argentina. Tres días más tarde la flota británica parte de Portsmouth hacia el Atlántico Sur,

La respuesta británica fue inmediata. El gobierno de Margaret Thatcher envió una flota al Atlántico Sur y, tras el fracaso de las instancias diplomáticas, comenzaron los combates.

Durante 74 días, el conflicto se desarrolló en condiciones extremas. Gran parte de los soldados argentinos eran jóvenes conscriptos que cumplían el servicio militar obligatorio y que, sin experiencia en combate, fueron enviados a un escenario adverso, marcado por el frío, la falta de equipamiento adecuado y las dificultades logísticas.

Soldados argentinos desembarcan en Malvinas

Los enfrentamientos incluyeron acciones aeronavales y terrestres. Entre los episodios más recordados se encuentran el hundimiento del crucero ARA General Belgrano y los combates en zonas estratégicas como Monte Longdon, Monte Tumbledown y Monte Harriet, en las cercanías de Puerto Argentino.

En mayo de 1982, un escuadrón del ejército argentino tomó posesión en Puerto Mitre, uno de los establecimientos más grandes de la isla Gran Malvina.

Mientras tanto, en el continente, la población acompañaba con movilizaciones y campañas solidarias. Sin embargo, la información que circulaba estaba condicionada por la censura y la propaganda oficial, sintetizada en la consigna “estamos ganando”.

El 14 de junio de 1982, tras semanas de combates, se produjo la rendición argentina. La guerra dejó un saldo de 649 soldados argentinos muertos, además de cientos de heridos y secuelas físicas y psicológicas que perduran hasta hoy.

Más de 90 mujeres participaron en la Guerra de Malvinas, desempeñando roles esenciales como enfermeras, instrumentadoras quirúrgicas, radiotelegrafistas y oficiales, aunque su historia fue invisibilizada durante décadas.

El regreso de los combatientes se dio en muchos casos en silencio, sin reconocimiento inmediato, en un contexto marcado por la derrota y el final de la dictadura. Con el tiempo, la sociedad fue construyendo una memoria más amplia, que reconoce el valor de quienes participaron en la guerra.

Desde entonces, la Argentina mantiene vigente su reclamo de soberanía, en una causa que trasciende gobiernos y generaciones, y que se sostiene en la memoria, la historia y el compromiso de una sociedad que no olvida.