Cada 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una fecha proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas para promover el acceso y la participación plena y equitativa de niñas y mujeres en los ámbitos científicos y tecnológicos. La jornada busca visibilizar los aportes de las científicas y poner en agenda los desafíos que aún persisten para que esa participación sea sostenida y en igualdad de condiciones.
En la Argentina, la participación femenina en el sistema científico es mayoritaria. Según el informe "Diagnóstico sobre la situación de las mujeres en ciencia y tecnología 2023" del entonces Ministerio de Ciencia y Tecnología, 6 de cada 10 personas que investigan son mujeres.
Sin embargo, los datos muestran que las brechas de género aparecen con mayor fuerza en los niveles más altos de la carrera científica. Las mujeres ocupan solo 3 de cada 10 cargos directivos en organismos de ciencia y tecnología y continúan subrepresentadas en áreas como ingeniería y tecnología.
El informe señala que la mayor proporción de investigadoras se concentra en categorías iniciales e intermedias. La categoría “C” -que reúne a quienes se encuentran en etapas de inicio de la carrera de investigación y en becas posdoctorales- presenta una participación femenina que supera en 5,2 puntos porcentuales a la de los varones.
En contraste, en la categoría “A”, que incluye cargos de investigador principal y superior del Conicet y las categorías I y II del Programa de Incentivos a Docentes Investigadores de universidades nacionales, solo el 10,6% son mujeres, frente al 16,8% de varones.
Las diferencias también se observan por áreas disciplinares. Solo 1 de cada 10 investigadoras se dedica a ingenierías y tecnologías. En esos campos, las mujeres representan el 8,1%, mientras que los varones alcanzan el 16,9%. Es decir, casi el doble.
El acceso a la educación científica y la elección de carreras también muestran disparidades. Un estudio del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) indica que, al finalizar la escuela secundaria, el 22% de las mujeres manifiesta interés en carreras de ciencia, ingeniería o matemática, frente al 37% de los varones.
Especialistas vinculan estas diferencias con estereotipos de género que operan desde edades tempranas y que luego se traducen en trayectorias desiguales.
El llamado “techo de cristal” y otras barreras institucionales limitan el acceso de las mujeres a puestos de liderazgo, financiamiento y mayor visibilidad en la producción científica.
La conmemoración del 11 de febrero apunta a revertir estas desigualdades a través de políticas y acciones que garanticen igualdad de oportunidades en la educación, la formación y la investigación.
Promover vocaciones científicas sin sesgos de género y fortalecer la permanencia y el crecimiento profesional de las mujeres no solo responde a un principio de equidad, sino que también amplía la base de talento disponible para el desarrollo científico y tecnológico.

