Distintas provincias advierten que, desde el inicio de la campaña de vacunación antigripal 2026, se registran faltantes de dosis que se suman a la escasez generalizada de otras inmunizaciones incluidas en el calendario nacional.
En Jujuy, la subdirectora provincial de Atención Primaria de la Salud y responsable de Inmunizaciones, Roxana Fatum, señaló que "la aplicación de las dosis se realiza en función del stock disponible y de los envíos del Ministerio de Salud de la Nación. Para comenzar la campaña recibimos 30 mil dosis, que fueron distribuidas en vacunatorios públicos y también en establecimientos privados para inmunizar a sus equipos de salud. Hasta el momento tenemos un muy buen avance, especialmente en adultos mayores de 65 años. Actualmente, estamos a la espera de la llegada de un nuevo lote”.
En ese sentido, remarcó que “una vez que se cuente con nuevas dosis, se informará de inmediato a la comunidad para continuar con la vacunación antigripal”.
Por ahora, las vacunas están destinadas a personal de salud y esencial, adultos mayores de 65 años y niños menores de dos años. Aunque también están incluidos los grupos de entre 2 y 64 años con comorbilidades, en los vacunatorios de la provincia aún no hay disponibilidad para esta población.
Este escenario se inscribe en un contexto más amplio de disminución en las coberturas de vacunación. En 2024, Argentina registró los niveles más bajos de su historia: ninguna vacuna del calendario alcanzó el umbral mínimo del 95% recomendado para garantizar la inmunidad colectiva, y varias cayeron por debajo del 50%, lo que abre la puerta al resurgimiento de enfermedades previamente controladas.
Un ejemplo es la tos convulsa o coqueluche. Aunque en años anteriores los casos eran escasos, la caída en la vacunación derivó en un brote que ya provocó la muerte de 11 bebés menores de dos años, sin vacunar o con esquemas incompletos. En 2025 se confirmaron 1.206 casos, y en lo que va de 2026 ya se registraron 252.
Desde Nación señalaron que “el calendario nacional de vacunación es una política prioritaria. Se monitorean de manera permanente las coberturas por provincia para definir envíos urgentes según necesidades y niveles de aplicación. Ya se están implementando medidas para ordenar la distribución y sostener la cobertura en todo el país”.
Sin embargo, los problemas de provisión se arrastran desde 2024.
La Ley 27.491, sancionada en 2018, establece que el Estado nacional es responsable de la compra, distribución y logística de las vacunas del calendario obligatorio. Las provincias no cuentan con margen legal ni presupuestario para suplir esa función. A esto se suma que el país depende en gran medida de proveedores internacionales afectados por la guerra en oriente.
Durante la pandemia de COVID-19, las coberturas ya habían sufrido caídas significativas: en 2020, la triple viral (sarampión, rubéola y paperas) descendió 8,4 puntos porcentuales; la antipoliomielítica, 8,5 puntos; y la BCG, aplicada al nacer, 5,6 puntos.
Si bien en los años siguientes hubo una recuperación parcial, esta no logró sostenerse. En 2023, ninguna vacuna superó el 90% de cobertura, y la BCG alcanzó un mínimo del 69%.
Los datos de 2024 del Ministerio de Salud de la Nación, analizados por la Sociedad Argentina de Pediatría, configuran el escenario más crítico registrado: ninguna vacuna prioritaria alcanzó el 95%, y varias quedaron por debajo de la mitad de la población objetivo.
En niños de 5 a 6 años, que representan una franja decisiva para consolidar la inmunidad colectiva, los niveles son especialmente preocupantes ya que la segunda dosis de la triple viral cayó al 46% (frente al 90% entre 2015 y 2019); el refuerzo de polio, al 47% (era 88% en 2019); y la triple bacteriana celular, al 46% (también desde el 88%).
En lactantes, la tercera dosis de la vacuna quíntuple alcanzó al 78,8% de los bebés de seis meses, mientras que el refuerzo a los 15-18 meses descendió al 68,4%. En adolescentes, la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH) registró coberturas del 55% en mujeres y 51% en varones, y la dTpa cayó del 82% al 54%.
Las consecuencias ya son visibles. Además del brote de coqueluche, en 2024 se confirmaron 35 casos de sarampión, enfermedad que había sido eliminada en el continente, y la mortalidad infantil aumentó un 0,5% por primera vez desde 2002.
Desde la epidemiología, el mecanismo es claro: cuando la cobertura cae por debajo del umbral necesario para la inmunidad de rebaño (estimado en 95% para enfermedades como el sarampión) se acumula una población susceptible. Ante la aparición de un caso importado o un brote local, el contagio se expande con mayor facilidad.
Entre las causas de este en la inmunización están el debilitamiento de la atención primaria, el impacto prolongado de la pandemia, la desinformación y las barreras de acceso. Ahora es importante revertir esta situación porque la vacunación es, junto con el acceso al agua potable y el saneamiento, una de las estrategias de salud pública más costo-efectivas. Según el Banco Mundial, cada dólar invertido en inmunización puede generar hasta 26 dólares en beneficios por costos evitados y productividad recuperada.

