El debate por la Ley de Glaciares 26.639 salió del Congreso y llegó a la calle. Más de 60 mil personas ya se inscribieron para participar de la audiencia pública que discutirá las modificaciones aprobadas en el Senado, en una convocatoria (abierta hasta el 20 de marzo) que refleja el interés y la preocupación que genera el futuro de las reservas de agua en el país.
Si bien se había determinado un esquema mixto en el que algunas exposiciones serán presenciales el 25 de marzo y otras virtuales el 26, ante ese volumen inédito de participación, las comisiones de Recursos Naturales y Asuntos Constitucionales definieron que aquellas exposiciones que no entren en el tiempo establecido (unas 50.000) deberán presentar sus aportes por escrito o a través de videos que se incorporarán al expediente legislativo.
Desde el oficialismo señalaron que la cantidad de inscriptos hace imposible que todos expongan en tiempo real sin afectar el funcionamiento parlamentario. Sin embargo, la modalidad generó cuestionamientos desde sectores de la oposición y organizaciones ambientales, que advierten que las nuevas condiciones pueden limitar la participación efectiva.
En paralelo, distintas iniciativas buscan canalizar esas voces por fuera del esquema formal. Una de ellas es Activá el Congreso, que permite a la ciudadanía enviar mensajes a diputados directamente y expresar su posición frente al proyecto.
Pero detrás de la discusión política hay una pregunta más profunda: ¿qué está en juego cuando se habla de glaciares en una provincia como Jujuy?
Porque acá, a diferencia de lo que muchas veces se imagina, los glaciares no son grandes bloques de hielo visibles. Están, pero no se ven.
“En Jujuy no tenemos glaciares descubiertos. Lo que tenemos son glaciares de escombro”, explicó el geólogo Oscar Carabajal, del Instituto de Geología y Minería de la UNJu, quien participó del Inventario Nacional de Glaciares.
Estas son formaciones que parecen simples acumulaciones de roca, pero que esconden hielo.
“Se forman por un proceso físico en el que el agua se infiltra en las rocas, se congela, aumenta su volumen y las fractura. Con el tiempo se genera una masa de fragmentos que guarda hielo en su interior”, detalló.
Ese hielo, aunque invisible, cumple una función importantísima: almacenar agua y liberarla lentamente.
Según el Atlas de Glaciares de Argentina, estos glaciares se ubican en zonas como la Sierra de Chañi, la Sierra de Zenta y en las cuencas altas que alimentan ríos como el Guerrero, Reyes y Xibi Xibi.
Puede parecer un dato lejano, pero no lo es, ya que "el agua para consumo proviene de esas subcuencas altas. Y ahí están los glaciares", señaló Carabajal.
Es decir, el agua que llega a las casas en el Gran Jujuy está directamente vinculada a estos sistemas de montaña.
No todos los glaciares funcionan igual. Algunos siguen activos, con hielo en movimiento; otros, llamados inactivos, conservan hielo pero con menor dinámica; y también están los fósiles, que ya no lo tienen pero dieron origen a ecosistemas muy importantes.
En Jujuy predominan los inactivos y fósiles, aunque aún existen activos en sectores del Chañi y en las nacientes de algunas cuencas.
“Para que un glaciar sea activo necesita temperaturas cercanas a cero grados y ciclos de congelamiento y descongelamiento. En Jujuy hay poca precipitación, por eso muchos tienden a volverse inactivos”, explicó.
Aun así, esos glaciares siguen siendo importantes. “Son acumulaciones de recursos hídricos”, remarcó.
Y no están solos. Donde hubo glaciares, muchas veces hoy hay humedales de altura, lagunas o vegas.
“Son zonas ricas en fauna y flora y cumplen una función ecológica fundamental”, agregó.
Por eso, cuando se habla de proteger glaciares, en realidad se está hablando de proteger un sistema mucho más amplio: el que regula el agua en la montaña. Ahí es donde el nuevo proyecto de ley abre el principal interrogante.
Si bien mantiene la protección y la prohibición de actividades que puedan afectarlos, introduce una modificación fundamental al poner el foco en los glaciares que tengan “función hídrica efectiva” y refuerza la idea de delimitar las áreas protegidas a partir de “geoformas periglaciales”.
En territorios como Jujuy, donde el hielo no está a la vista y forma parte de un sistema complejo de rocas, suelo y agua, esa definición puede ser determinante porque "lo importante no es solo el glaciar en sí, sino toda el área que lo rodea. Ahí también se acumula y se libera agua”, explicó el científico.
La diferencia no es menor porque según cómo se interprete esa delimitación, podrían quedar fuera zonas que, aunque no muestren hielo visible, cumplen un rol esencial en el ciclo hídrico, como pasa en la provincia de Jujuy
A esto se suma la tarea pendiente de monitorear los glaciares y ambientes periglaciares identificados y clasificados en el Inventario Nacional, ya que el seguimiento periódico previsto por la ley no se realizó con la frecuencia establecida.
“No se hizo el seguimiento cada dos años como estaba previsto”, señaló el especialista.
En un contexto de cambio climático y creciente presión sobre los recursos naturales, esa información se vuelve cada vez más necesaria.
Por eso, lo que ahora se discute en el Congreso no es solo una cuestión técnica. En Jujuy, donde el agua depende en gran medida de lo que ocurre en la alta montaña, el debate sobre glaciares es también un debate sobre el presente y el futuro.
Y por eso también, cada vez más personas buscan participar.
Link de inscripción a la Audiencia Pública: Formulario de Inscripción a Audiencia Pública
Link para escribir directamente a diputados: AeC | Glaciares

