El cóndor andino había sido encontrado el 27 de noviembre en la localidad de Volcán y necesitaba ayuda urgente, y gracias a la inmediata intervención del personal técnico y de las fuerzas de seguridad provincial, el cóndor fue rescatado y trasladado de urgencia al Centro de Atención de la Fauna Autóctona de Jujuy (CAFAJu), donde se activaron los protocolos de evaluación clínica y estabilización.

Al ingresar, el diagnóstico había sido preocupante, presentaba debilidad generalizada, dificultad para mantenerse erguido, mucosas pálidas, signos compatibles con hemorragias internas y externas, y un evidente estado de deshidratación. Los estudios clínicos y de laboratorio confirmaron un cuadro de intoxicación por cebo tóxico, una de las amenazas silenciosas más graves para la fauna silvestre.

Frente a este escenario, el equipo de la cartera ambiental realizó un tratamiento intensivo con monitoreo permanente; durante las primeras 48 horas, el ejemplar mostró una evolución alentadora, recuperando estabilidad hemodinámica y capacidad de sostén.

Entendiendo la complejidad que implica la rehabilitación de un cóndor adulto intoxicado, se estableció una articulación interinstitucional inmediata con la Fundación Bioandina y la Fundación Temaikén, referentes nacionales en la conservación de grandes carroñeros. 

Las instituciones coincidieron en la necesidad de continuar el proceso en un centro especializado, y el 2 de diciembre, el cóndor fue trasladado a las instalaciones del Centro de Recuperación de Especies de Fundación Temaikén, en la provincia de Buenos Aires.

Había ingresado clínicamente estable, sin signos de enfermedades infectocontagiosas, y comenzó una etapa clave de rehabilitación bajo un estricto protocolo de aislamiento humano, fundamental para evitar cualquier inconveniente, y garantizar así su futura reinserción en la naturaleza.

Allí, fue bautizado Kuntur Kuteq, que en quechua significa “El retorno del Cóndor”, nombre que honró su fortaleza y simbolizó el esfuerzo colectivo que hizo posible su recuperación.

La liberación se realizó en la Cuesta de Lipán, un escenario emblemático donde el cielo y la montaña se encuentran para servir de hábitat para estas especies.