Estudiar, trabajar, votar, firmar un contrato, administrar el propio dinero o decidir sobre el propio cuerpo. Hoy estas acciones forman parte de la vida cotidiana de millones de mujeres en el mundo. Sin embargo, durante gran parte de la historia no fue así.
La posibilidad de acceder a la educación, participar en la vida política o ingresar al mercado laboral en condiciones más igualitarias es el resultado de un proceso histórico marcado por luchas sociales, movilizaciones y debates públicos que se desarrollaron a lo largo de más de un siglo. En ese recorrido se inscribe el 8 de marzo, fecha que recuerda las reivindicaciones de las mujeres por igualdad de derechos y mejores condiciones de vida.
A finales del siglo XIX y principios del XX, mientras la industrialización avanzaba y el movimiento obrero crecía, las mujeres empezaron a unirse para exigir mejores condiciones laborales y mayor participación política. Enfrentaban jornadas de trabajo agotadoras, salarios muy bajos y eran excluidas de la vida política, lo que llevó a muchas trabajadoras textiles, obreras de fábricas y feministas a movilizarse y reclamar sus derechos.
Es en ese contexto que nacieron las primeras ideas de organizar una jornada internacional para que las mujeres hicieran oír su voz. En 1910, la dirigente socialista Clara Zetkin propuso durante la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, en Copenhague, que se estableciera un día especial para mostrar al mundo las demandas por el voto femenino, derechos laborales e igualdad política.
Un año después, el incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist Factory en Nueva York provocó la muerte de 146 trabajadoras textiles y expuso las precarias condiciones laborales de la época, y luego la Primera Guerra Mundial provocó una profunda crisis en Rusia donde miles de obreras se movilizaron en Petrogrado en 1917 para reclamar “pan y paz”. Aquella protesta desencadenó un proceso que culminó con la Revolución Rusa. Fue el inicio de más de un siglo de reivindicaciones
Recién en 1975, la Organización de las Naciones Unidas reconoció oficialmente el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer.
Recordando las conquistas
A lo largo del siglo XX, las luchas feministas y los movimientos de mujeres impulsaron profundas transformaciones legales y sociales.
Uno de los avances más significativos fue el reconocimiento del derecho al voto femenino, que permitió a las mujeres participar en la vida política. En Argentina, este derecho se estableció en 1947 con la Ley 13.010 y se ejerció por primera vez en elecciones nacionales en 1951.
También se produjeron cambios en el ámbito del derecho civil y familiar. Durante mucho tiempo, las legislaciones consideraban al marido como jefe del hogar y otorgaban a las mujeres una capacidad jurídica limitada dentro del matrimonio. Reformas posteriores comenzaron a reconocer a las mujeres como sujetas plenas de derecho, con capacidad para administrar bienes, trabajar y tomar decisiones legales sin autorización del esposo.
Además, durante siglos las universidades estuvieron reservadas exclusivamente a los varones y recién en el siglo XIX algunas instituciones comenzaron a admitir mujeres. Una de las primeras graduadas universitarias del mundo fue Elizabeth Blackwell, quien obtuvo su título de medicina en 1849. En Argentina, pioneras como Cecilia Grierson lograron abrir camino para la participación femenina en el ámbito universitario.
En el campo de los derechos civiles, la legislación sobre el divorcio vincular, aprobada en Argentina en 1987, representó otro avance importante al permitir la disolución legal del matrimonio y reconocer mayor autonomía a las personas dentro de la vida conyugal.
En décadas más recientes también se incorporaron nuevas figuras jurídicas vinculadas a la violencia de género. El concepto de femicidio, que identifica el asesinato de mujeres por razones de género, fue incorporado al Código Penal argentino en 2012.
Asimismo, distintos países avanzaron en el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos, entre ellos el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo. En Argentina, el derecho al aborto fue legalizado en 2020 mediante la Ley 27.610.
A pesar de los avances logrados, las desigualdades de género persisten en distintos ámbitos de la vida social. La distribución desigual de las tareas de cuidado, las brechas salariales, la violencia de género y las dificultades que enfrentan muchas mujeres para acceder a posiciones de liderazgo, un fenómeno conocido como "techo de cristal", continúan siendo parte de la agenda.
En este sentido, el 8 de marzo no solo recuerda una historia de luchas pasadas, también invita a reflexionar sobre los desafíos que aún persisten. Más de un siglo después de las primeras movilizaciones de mujeres trabajadoras, muchos de los derechos que hoy parecen cotidianos siguen siendo el resultado de una larga historia de organización, resistencia y transformación social.
Cuando salimos a trabajar, cuando vamos a la Facultad, cuando usamos una tarjeta de crédito o tomamos decisiones sobre nuestra propia vida, vale la pena recordar que nada de eso fue siempre posible. Son derechos y oportunidades conquistados a lo largo del tiempo gracias a la lucha de miles de mujeres que no se conformaron, que visibilizaron las injusticias, que salieron a las calles a luchar por una vida mejor.

