Un proyecto impulsado desde el ámbito universitario permitirá garantizar el acceso a un medicamento esencial para niños y niñas con VIH. Se trata de un jarabe pediátrico elaborado por la Planta Piloto de Producción de Medicamentos de la Universidad Nacional de Rosario, obtuvo la autorización de la ANMAT y comenzará a producirse durante el segundo semestre para su distribución en hospitales y centros de salud del país.
Darío Leonardi, farmacéutico, investigador del CONICET e integrante de la Planta Piloto, explicó en UNJu Radio que el problema comenzó a evidenciarse cuando los casos de transmisión de VIH de madre a hijo disminuyeron considerablemente gracias a las campañas de prevención: “Al ser cada vez menos casos no era rentable para un laboratorio privado, porque su función es brindar algo, pero obtener ganancia. Si las personas eran cada vez menos las que lo necesitaban y a su vez eran de bajos recursos, ya no eran rentables, entonces el jarabe pasó a estar en falta o discontinuado”, señaló.
Ante esta situación, en 2019 el Ministerio de Salud de la Nación solicitó a la Agencia Nacional de Laboratorios Públicos (ANLAP) un relevamiento de medicamentos esenciales faltantes. Allí se detectó la ausencia del jarabe de zidovudina para el tratamiento del VIH, lo que dio origen al proyecto que comenzó a desarrollarse en 2020.
Leonardi explicó que el proceso implicó varios años de trabajo: “Primero realizamos una investigación a escala de laboratorio, evaluamos que la formulación sea estable tanto química como microbiológicamente, la palatabilidad, es decir, el sabor, y así fuimos avanzando hasta llegar a una formulación completamente estable”, detalló.
Posteriormente, el desarrollo fue escalado a la planta de producción de la facultad, donde se elaboraron los lotes piloto exigidos para iniciar el proceso de registro ante la ANMAT. Tras más de un año de evaluaciones, controles y adecuaciones solicitadas, el producto obtuvo finalmente la autorización correspondiente.
El investigador aclaró que la droga utilizada ya existía para pacientes adultos en forma de comprimidos, pero no contaba con una presentación adecuada para niños: “A un bebé no se le puede dar un comprimido. Entonces, hubo que adaptar esa formulación a pacientes pediátricos”, explicó.
Con el registro ya aprobado, la universidad avanza ahora en la planificación de la producción y distribución del medicamento. Leonardi precisó que no estará disponible para la venta al público, sino que será entregado a través del sistema de salud: “La idea es distribuirlo en hospitales y centros de salud durante el segundo semestre”, afirmó.
Actualmente se realiza un relevamiento nacional para conocer cuántos pacientes requieren el tratamiento, ya que en los últimos años dejaron de realizarse los registros que permitían determinar la demanda existente.
Finalmente, Leonardi destacó que este logro es el resultado de décadas de trabajo orientado a fortalecer las políticas públicas de salud: “Esto es la culminación de un trabajo de muchos años. Haberlo logrado siendo todo cuesta arriba genera una enorme satisfacción”, concluyó.


