En el marco del Día Mundial del Agua que se conmemora cada 22 de marzo, es importante reconocer el valioso aporte que realiza el Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en la preservación y el cuidado de uno de los recursos vitales más importantes para el ser humano como lo es el agua.
El prestigioso organismo realiza investigaciones que monitorean contaminantes, mejoran tratamientos y estudian procesos territoriales que condicionan el acceso, la calidad y el cuidado del agua.
Cuatro grupos del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR, CONICET-UNR), de Investigaciones Socio-Históricas Regionales (ISHIR, CONICET-UNR) y del Centro Internacional Franco Argentino de Ciencias de la Información y de Sistemas (CIFASIS, CONICET-UNR) desarrollan investigaciones que abordan el agua desde diferentes escalas.
Otra línea del IBR, dirigida por la investigadora del CONICET Natalia Gottig, estudia bacterias capaces de contribuir a la remoción de contaminantes del agua. En particular, el equipo trabaja con microorganismos que oxidan manganeso, un metal que, cuando se encuentra disuelto, afecta la calidad del agua. Al transformar ese manganeso en óxidos insolubles, las bacterias favorecen su retención en filtros y biofilms, lo que permite retirarlo con mayor facilidad.
“Estas bacterias transforman químicamente metales disueltos en el agua y los convierten en partículas que pueden ser retenidas por filtración. Es una forma de aprovechar procesos biológicos naturales para mejorar la calidad del agua de manera sustentable”, resume Gottig.
El interés de esta estrategia no se limita al manganeso. Los óxidos formados por la actividad bacteriana también pueden absorber o inmovilizar otras sustancias, lo que abre nuevas posibilidades para mejorar tratamientos de agua a partir de procesos biológicos.

Además del hallazgo científico, estas investigaciones avanzan sobre una pregunta central: cómo llevar esos desarrollos a contextos de aplicación concreta. En el caso de los biosensores bacterianos, una de las metas es consolidar dispositivos portátiles que permitan monitorear contaminantes en territorio. En paralelo, los trabajos sobre biorremediación exploran experiencias piloto para evaluar el desempeño de bacterias en condiciones más cercanas a las de sistemas de filtración o plantas de tratamiento.
“El gran desafío es el escalado: lo que funciona en condiciones controladas de laboratorio tiene que demostrar después que puede sostenerse en escenarios mucho más variables. Factores como la temperatura, la química del agua o la presencia de otros microorganismos pueden modificar el desempeño del proceso”, plantea Gottig.
Checa también subraya la importancia de generar articulaciones que permitan avanzar hacia la transferencia de esos desarrollos. “La posibilidad de contar con dispositivos de monitoreo en territorio requiere no solo del conocimiento científico, sino también de vínculos con actores capaces de acompañar el desarrollo tecnológico”, apunta.
La posibilidad de probar estas herramientas fuera del laboratorio es clave para pensar soluciones con potencial territorial y valor ambiental. En ese pasaje, la ciencia aplicada permite construir evidencia, ajustar tecnologías y evaluar su viabilidad en escenarios reales. (Fuente: CONICET)

